Historia

Del viejo Teatro Cinema Apolo al Florencio del Siglo XXI

“El Florencio” - como es conocido afectuosamente por vecinos y amigos - es parte del complejo de salas de la División de Promoción Cultural del Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo. Este centro cultural y social es central a la historia e identidad cerrense y es reconocido como un icono cultural para la ciudadanía montevideana.

Hace poco más de un siglo, la Villa del Cerro inauguraba su primer sala construida específicamente para la presentación de espectáculos artísticos profesionales. Si bien el Cerro ya contaba con varios espacios artísticos gestionados por vecinos, el comerciante Manuel Diz tuvo la visión de construir un Teatro Cinema con las comodidades necesarias para que los vecinos disfrutaran de los espectáculos preferidos de la época: zarzuela, teatro, comedia, varietés musicales y la gran novedad de la época: el cinema.

El teatro comenzó su construcción en 1913, y el 21 de marzo de 1914 un artículo de El Heraldo mencionaba una asamblea de asociaciones barriales del Cerro reunidas para organizar “el festival de inauguración” del Teatro Cinema Apolo, que finalmente se inauguró el 20 de marzo de 1915 con una función de zarzuela española, bajo la dirección del tenor cómico Primitivo Martínez. En abril de 1925 el periódico local “El Iris” resaltaba la trayectoria cumplida por el Apolo en sus diez primeros años de existencia y la entusiasta aceptación del público local, de la que da cuenta imágenes fotográficas de la época que muestran una sala abarrotada. A las exhibiciones de elencos profesionales, se suman los aportes de artistas locales, los multitudinarios Bailes de Carnaval y la proyección de clásicos del cine mudo - animados al piano por la esposa de Manuel Diz, dando paso luego al cine sonoro con una mejora de la infraestructura para proyectar con sonido estereofónico. De la construcción original, el edificio actual solo conserva la fachada y una caja fuerte de hierro fundido francesa del , hoy en desuso y ubicada en la oficina de la sala.

En 1962 los herederos de Manuel Diz venden el Teatro Cinema Apolo a la Intendencia Municipal de Montevideo. En el año 1963, la junta Departamental de Montevideo en resolución del mes de junio, según Decreto 12.693 resuelve “designar con el nombre de Teatro Florencio Sánchez, a la sala de espectáculos sita en la calle Grecia 3281”. El cambio de nombre enfatiza el perfil teatral de la sala y refiere al vínculo del célebre dramaturgo uruguayo con los movimientos sociales y obreros de avanzada de comienzos del Siglo XX, de poderosa expresión sindical y política en la población trabajadora del Cerro.

Ya bajo la órbita departamental, se realiza una ampliación en la vivienda posterior, re-inaugurando el 4 setiembre 1971 como Teatro Florencio Sánchez. La responsabilidad por su gestión y programación pasa a manos de la Comisión de Teatros Municipales. La sala tendrá su reinauguración después de un año de reparaciones, el 4 de septiembre de 1971, de un concierto musical. A fines de esa década, una vez más una Comisión formada por representantes de instituciones sociales y deportivas del barrio, se encargaría de la administración del Teatro. La década de los setenta estuvo signada por el cierre de los frigoríficos con la subsecuente pérdida de fuentes de trabajo para la población del Cerro y la represión de la dictadura cívico-militar que golpeó fuertemente al barrio y a su vida social. Ya en los ochenta, los sábados y domingos Cinemateca Uruguaya presentaba un ciclo de funciones para niños y adultos. En un clima de gran hostilidad para la vida cultural, los vecinos - en particular aquellos vinculados a la actividad artística - sostuvieron el espacio como un refugio para el encuentro y la reunión, en donde operaba la Escuela de Teatro a cargo de Líber Rodríguez y Hugo Bardallo y de donde surgieron colectivos tan importantes como El Sótano, El Atilio, Cachiporra y La Gotera. Este último tomó su nombre en homenaje a una legendaria gotera en la sala, emblemática del estado de deterioro edilicio que paulatinamente iba desmereciendo las instalaciones.

Con el retorno de la democracia, y en el marco del proceso de descentralización que inauguró la gestión de Tabaré Váquez en la Intendencia de Montevideo, una encuesta realizada entre los vecinos por la Comisión de Cultura del Cerro, señaló que los vecinos querían un centro cultural acorde a las necesidades de su zona, solicitando la remodelación del edificio y su propuesta cultural. A solicitud del Departamento de Cultura de la IM, el Instituto de Diseño de Facultad de Arquitectura elaboró un proyecto de teatro "polivalente". En 1993, la División de Cultura de la IM llamó a licitación para la obra de recuperación definitiva. El 14 de diciembre de 1996 se re-inauguró el edificio con la reforma arquitectónica que presenta en la actualidad, cambiando su nombre a Centro Cultural Florencio Sánchez. El cambio de denominación indica la intención de ampliar el cometido de la sala, que además de ofrecer espectáculos busca convertirse en un espacio de participación vecinal, con una propuesta de talleres y actividades comunitarias que complementan la programación de sala. La primera temporada de esta nueva etapa comenzó en 1997, manteniendo su programación sin interrupciones hasta la actualidad.

El entonces Director de Cultura Gonzalo Carámbula designa al poeta salteño Elder Silva - entonces editor del periódico local El Eco - como Director, cargo que ocupó durante 20 años ininterrumpidos. En octubre de 1997 se constituye una asociación civil con el nombre de Centro Cultural Florencio Sánchez, constituida por vecinos de la Villa y cuya Comisión Directiva integraban entre otros Javier Peraza, Amparo Gea, Hilda Skliro, Adriana Cabrera y Silvia Aguiar. La asociación civil trabaja junto con el Director, programando y llevando adelante un sinfín de propuestas con y por el barrio, en una etapa recordada por los vecinos por la pujante participación de los vecinos en la vida del Florencio. Los registros de actuación de la asociación civil llegan hasta el 2001, en donde se da cuenta del impacto de la crisis económica en la sala: la cuota social de los vecinos se suspende, los eventos no recaudan y el quiosco que opera en la sala vendiendo refrigerios debe cerrar. La asociación civil no resiste este embate y el Florencio pasa a un modelo de gestión administrativa llevada adelante por su Director y un ampliado equipo de funcionarios, pero sin perder su carácter de referencia para el barrio.

Por la sala del Florencio durante las dos décadas desde su reapertura, han pasado importantes figuras de la escena musical como Ruben Rada, No te va Gustar, Buitres, Trotsky Vengarán, Daniel Viglietti, Agarrate Catalina, Eduardo Darnauchans y Fernando Cabrera. El Florencio ha sido también un escenario favorecido por artistas de la escena, de la talla de Taco Larreta, Estela Medina, Pepe Vázquez y Graciela Figueroa. En la memoria de los teatreros se atesoran producciones que transformaron la sala, como la puesta en escena de Calígula de Roberto Suárez, dirigida por Maria Dodera en 1999. Los artistas locales han estado también siempre presentes en la programación del Centro Cultural, que sigue distinguiéndose como un espacio para la presentación de artistas profesionales y emergentes, y de producciones y eventos comunitarios.

En 2015 asume la Dirección por concurso la actual directora Ana Laura López, que inaugura una nueva etapa para el Centro Cultural Florencio Sánchez, apostando a una actualización de la infraestructura, el equipamiento y los procesos de gestión que la equiparen a otras salas del circuito de la Intendencia de Montevideo y trabajando junto al Municipio A, el Programa Esquinas de la Cultura y organizaciones sociales y culturales del Municipio en aras de promover el asociativismo y el desarrollo cultural local, renovando y resignificando la participación de la comunidad en la vida del Florencio. En este sentido se destacan dos proyectos de diseño participativo para la renovación de la platea de la sala (Proyecto Butacas del Florencio) y el desarrollo de mobiliario social y multiuso para el Hall (Proyecto Habitar el Florencio), llevados adelante con la Escuela Centro de Diseño de la Universidad de la República y la UTU Escuela Técnica Cerro.

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